8 en torno al 68: Programa del concierto.

Canciones en torno al 68, En torno al 68

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8 canciones en torno al 68

 

Programa

 

  1. Are you lonesome tonight? (Elvis Presley)

Voz y guitarra: Alejandra González.

  1. The House of the Rising Sun (The Animals)

Voz: Dora Dayana Morán.

Guitarra: Alejandra González.

  1. La chica de Ipanema (Vinicius de Moraes/Antonio Carlos Jobim)

Voz principal: Soledad Romero.

Segunda voz: Dora Dayana Morán.

  1. Love me tender (Elvis Presley)

Voz: Génesis Rodríguez.

  1. I´m waiting for the man (The Velvet Underground)

Voz: Nacho Camino.

Guitarra: Alejandra González.

Caja y plato: Judith Gordillo.

Bajo: Alexis Royo.

Pandereta: Laura Gázquez.

Sinte: Ana Martín.

  1. Hey Jude (The Beatles)

Voz: Alejandra González.

Piano: Claudia Jiménez.

  1. Alfonsina y el mar (Mercedes Sosa)

Voz: Dora Dayana Morán.

  1. God only knows (The Beach Boys)

Voz: Alejandra González.

Sinte: Claudia Jiménez.

Saxo alto: Javier Cuesta.

Clarinetes: Joaquín Pino, Gonzalo Velázquez.

Flauta travesera: Belén Godoy.

Percusiones: Enrique Benítez.

 

Pianista acompañante: Nacho Camino. Percusiones adicionales: Gabriel Baldoy, Claudia Jiménez, Dora Dayana Morán.

 

El concierto tendrá lugar en la Biblioteca del IES Burguillos, durante la tercera y cuarta horas del martes, 15 de mayo de 2018.

 

Nota: Este programa es susceptible de cambios, tanto en el orden y composición del repertorio como en lo que se refiere a los participantes. Lo que es seguro es que vamos a pasarlo bien.

El concierto: 8 canciones en torno al 68.

Canciones en torno al 68, En torno al 68, General

Vamos a hacer un recorrido por el repertorio que se interpretará el 15 de mayo en el IES Burguillos, con motivo del cincuentenario de 1968, año importante en la historia de la música y en la historia, a secas.

Empezando, claro, por el Rey.

 

  1. Are you lonesome tonight?

Grabada en 1963, Elvis recupera una antigua canción de los años 20 a petición de su representante, Colonel Tom Parker, para quien este viejo “hit” tenía un significado especial. Presley la grabó en apenas una sola toma, y pidió que apagaran las luces del estudio y sólo permanecieran en él los miembros imprescindibles del equipo.

Elvis destaca aquí por un uso fascinante del falsete, combinado con momentos en los que brilla su potente voz de barítono. El cantante imagina la soledad del amante que, en su día, no supo corresponder a su amor y que ahora, tal vez, querría volver a su lado. Se dirige a ella con la confianza del que se sabe echado de menos, pero también con el deseo de quien sólo espera una palabra de perdón para volver a intentarlo. Es un tema íntimo y melancólico, en el que Elvis demuestra ser un virtuoso de la balada romántica.

Elvis interpretó esta canción en 1968, en su regreso después de una etapa en la que había estado apartado de los escenarios. La música había cambiado, habían surgido nuevas bandas como The Beatles o The Beach Boys, pero, en ciertos aspectos, él seguía siendo el Rey. Tanto como para permitirse bromear con el público en medio de una canción tan crepuscular como esta.

Un solista magnético y un animal de escenario.

Este es el vídeo de aquella interpretación de 1968:

 

2. The house of the rising sun

Grabada en 1964, por el grupo británico The Animals, ocupa el puesto 123 en la lista de las 500 mejores canciones de la historia de la revista Rolling Stone. Es una canción tradicional, de autor anónimo, que puede ser interpretada, indistintamente, desde el punto de vista de un hombre o de una mujer. La grabación más antigua data de 1934.

La versión de los Animals fue descrita como el primer gran éxito del folk-rock. En algunas versiones, el tema se interpreta desde la perspectiva de una mujer que sigue a un apostador a Nueva Orleans y que termina prostituyéndose en La Casa del Sol Naciente, aconsejando, en algunos fragmentos de la canción, no seguirle los pasos (Not to do what I have done). The Animals la interpretó desde la perspectiva de un hombre, jugador y borracho, que cuenta cómo esta casa es la perdición de varios, y cómo ha malgastado su vida inmerso en el pecado y la miseria.

El arpegio de inicio se ha convertido en un lugar común de la guitarra moderna. Tanto como la desgarradora voz de Eric Burdon y los riffs de Alan Price al órgano, con mención de honor para el solo central.

 

3. La chica de Ipanema

Ipanema es un barrio y una playa de Río de Janeiro. Por allí pasaba, con mucha frecuencia, la joven Heló Pinheiro, ante los ojos incrédulos y fascinados de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim; autores de letra y música, respectivamente.

El propio Vinicius escribió que Heló era:

“El paradigma del tipo carioca; una mujer dorada, mezcla de flor y sirena, llena de luz y de gracia pero cuya visión es también triste, pues lleva consigo, camino del mar, el sentimiento de lo que pasa, la belleza que no es nuestra. Es un don de la vida en su lindo y melancólico fluir y refluir constante.”

De modo que la canción no es un simple canto a la belleza femenina, sino que, de fondo, late esa melancolía que es nostalgia de lo que nunca tuvimos. Pero se trata de una dolencia que se disfruta, que suena incluso alegre a los oídos, placentera. La saudade brasileña en todo su esplendor, acrecentada por la distancia (temporal o espacial) que nos separa del objeto de nuestro anhelo.

En 1962, Vinicius y Jobim grabaron la primera versión, creando un clásico instantáneo. Aquí, dejamos la mítica interpretación de La Fusa, unos años más tarde.

 

4. Love me tender

Volvemos unos años atrás, para mejor coger impulso. En 1956, Elvis grabó este clásico, basado en una balada sentimental de la época de la Guerra de Secesión.

En 1968, Presley grabó una pista de 52 segundos titulada «Violet (Flower of N.Y.U.)» para la banda de sonido de la película The Trouble with Girls. Sin lanzar hasta luego de la muerte de Presley, la canción utilizaba la misma melodía que «Aura Lee», la canción en la que se basó «Love Me Tender».

También registró una versión en su regreso televisivo de 1968, del que adjuntamos el vídeo:

 

5. I´m waiting for the man

Publicada en el mítico primer álbum de la Velvet, es una de las canciones más importantes de la historia del rock, predecesora del punk. Cuenta las tribulaciones de un yonqui que se acerca al barrio neoyorquino de Harlem a comprar 26 dólares de heroína.

La atmósfera, con unas guitarras afiladas y un piano nervioso y percutivo, describe fielmente la angustia del drogadicto, quien, como una especie de Sísifo moderno, está condenado a repetir, día tras día, la misma búsqueda desesperada.

The Velvet Underground fue un grupo a contracorriente. Mientras en la costa oeste americana tenía lugar el “verano del amor” y la música reflejaba la dimesnión multicolor de los viajes lisérgicos, los neoyorquinos presentaban por primera vez el lado oscuro de las grandes urbes, tratando temas que, de una vez por todas, extirpaban de la música popular todo rastro de inocencia: heroína, sadomasoquismo, violencia, prostitución. De vez en cuando, baladas que hablaban de un amor tortuoso. Todo ello con la capacidad lírica de un Lou Reed en estado de gracia.

 

6. Hey Jude

Hey Jude es una canción que, de foma curiosa, combina instinto comercial y un evidente ánimo de traspasar barreras estilísticas. La barrera que traspasó esta canción es que, en lugar de los tres minutos que, por costumbre, debían durar los singles, Hey Jude dura… ¡siete!

Es una canción de consolación, dirigida a un amigo, al que se le implora que olvide las tristezas del pasado y se abra a nuevas relaciones. Su punto fuerte es su espléndida melodía, triste pero nunca depresiva, sostenida por el piano de Paul y las armonías vocales del resto. La balada podría haber finalizado a los cuatro minutos, pero, a partir de ahí, y tras la repetición en secuencia ascendente de la última palabra (“better”), comienza una larguísima y apoteósica coda que repite una misma frase de forma hipnótica. Al mismo tiempo, se van añadiendo una serie de instrumentos orquestales, dándole aún más grandiosidad a este sorprendente final.

 

7. God Only Knows

Brian Wilson ya era un genio del pop antes de que se publicara Pet Sounds. Lo que ocurre es que, hasta entonces, nadie sabía hasta qué punto lo era. Su grupo, The Beach Boys, se había convertido en el referente de la música surf que arrasaba en California: vibrante, alegre y despreocupada. En sus canciones habitaban chicas rubias que se paseaban por la playa bajo un sol eternamente adolescente. La vida era hermosa y superficial como la cresta de una ola. Toda América, decían, remontaba esa ola de felicidad permanente.

Claro que la realidad se parece muy poco a las letras de las canciones. En el colmo de la ironía, sólo un miembro de los Beach Boys sabía cómo subirse a una tabla de surf. El resto interpretaba un papel que proporcionaba buenos dividendos y, seguro, muchos ratos de diversión y  melodías afortunadas.

Brian, sin embargo, escondía algo más en su interior. Así que, mientras sus compañeros se embarcaban en la enésima gira, él se metió en el estudio para grabar un disco que todavía hoy sigue descubriéndonos nuevas facetas, un disco mágico que compuso y arregló el sólo, contando para su ejecución con la inestimable ayuda de los mejores profesionales de la época. Cuerdas, vientos, timbales, percusiones varias, clavecines… Todo cabe en este disco fascinante, que a su riqueza tímbrica añade otras virtudes: un uso original de la armonía, una inspiración melódica apabullante, técnicas de producción adelantadas a su tiempo, coherencia temática, coros casi milagrosos, infinidad de matices que parecen no agotarse nunca.

Sin embargo, sus compañeros de grupo ofrecieron cierta resistencia cuando, a su regreso de la gira, les presentó su nueva creación. La encontraban triste y depresiva. Las chicas de portada habían desaparecido, el mar estaba tan en calma como un animal muerto y el sol asomaba tímidamente entre las nubes. Tardaron en darse cuenta de que Brian era sólo un chico de veintitrés años que quería hablar de otras cosas. Un músico nato que intentaba escapar de las falsas apariencias para exponer su verdad.

Ya nada era tan alegre como antes, desde luego. Pero, a cambio, era un millón de veces más cierto.

8. Alfonsina y el mar

Publicada en 1969, por Mercedes Sosa, es una hermosa y triste zamba, una danza tradicional de Argentina.

La canción es un homenaje a la poetisa de la misma nacionalidad Alfonsina Storni, que se suicidó en 1938 en Mar del Plata, saltando al agua desde una escollera, aunque, según la canción, se internó lentamente en el mar. Esta conexión ha originado un rumor muy extendido pero erróneo, según el cual la letra de la canción fue originalmente la carta de suicidio de la poetisa, musicalizada más tarde por los autores de la zamba.

Aunque Ariel Ramírez, el compositor, no conoció directamente a la poetisa, ésta fue alumna del padre de Ariel, Zenón Ramírez, que trasmitió a su hijo el drama de Storni. Impresionado por estos recuerdos y por las poesías de Storni, Ramírez compuso la música y Félix Luna aportó después la letra.

Nos gustaría acabar con este poema de la Storni, que bien mirado, podría ser una perfecta metáfora de los sucesos de mayo del 68.

LA INQUIETUD DEL ROSAL
El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.